Durante esta sesión que tuvo lugar el 13/03/2015, el
profesor nos explicó que en pareja e incluso en tríos íbamos a realizar
entrevistas que debían constar de las cuatro fases: recepción o recogida,
exploración, intercambio o clarificación y fase final.
Las entrevistas que teníamos que realizar tenían que contener sentimientos de enfado, miedo y rabia. Esto es así, porque en función de la actitud del usuario, el profesional redirige la entrevista de una manera determinada. Siempre teniendo en cuenta las distorsiones que se pueden dar durante una conversación sabiendo cómo afrontarlas.
Elaboramos una entrevista que trataba de una mujer llamada Clara que acudía a la casa de la mujer para hablar con una trabajadora social sobre la situación con su pareja. En la consulta de la trabajadora social la usuaria mostraba miedo en su dialogo al hablar de su pareja, ya que utilizaba frases tales como: es que tengo miedo de que se entere, pero es que siempre se entera… Estas últimas son frases que conocemos como distorsionadas y nosotros como futuras trabajadoras sociales debemos saber cómo hacerles frente sin ofender a nuestro usuario. Y la otra parte del grupo realizamos otra entrevista en la cual el sentimiento elegido fue tristeza, un hijo que recientemente había perdido a su madre después de una larga enfermedad. El reto se encontraba en no encontrar las palabras para ayudar a ese hombre y que así no lo pase tan mal en esa situación de duelo. Además se presentaban otros problemas como que el hombre se encontraba desamparado económicamente y no tenía demasiadas amistades de confianza donde apoyarse.
En la primera entrevista presentada por dos compañeras; la profesional trataba con
una usuaria que venía con enfado ya que le querían quitar a su hijo tras varias
visitas domiciliarias; por lo tanto para ella todos los trabajadores sociales
tenían una mala reputación. Esto influyó
notablemente en el transcurso de toda la conversación, sobre todo cuando la
trabajadora social le pidió la documentación. Durante esta entrevista
observamos un error que no se debe dar en una entrevista profesional, y es que
en este caso la que dirigía la entrevista no era la profesional sino la
usuaria. Otro error que se ha dado
también es el de decir tranquilícese a la usuaria; ya que podría hacer sentir
mal a la misma. En este caso el profesor nos recomendó que para tranquilizar a
una persona lo preferible sería empatizar más con ella dejando en segundo plano
la solicitud de la documentación.
En la segunda y última entrevista llevada a cabo por otras dos compañeras, la usuaria venía con rabia porque tenía un problema con su madre. Durante la conversación con la trabajadora social, ésta le aconsejó hablar con su madre para solucionar todas sus diferencias, por lo que la usuaria le respondió que era una tarea imposible de llevar a cabo. Seguidamente a la respuesta de la usuaria, la profesional cometió un error al decirle si estaba segura de que era imposible de lograr. Este comentario puede ser muy defensivo para el usuario ya que se está cuestionando la veracidad de su argumentación, por eso es imprescindible evitar dichos comentarios.
Esta práctica nos ayuda a enfrentarnos a situaciones
ficticias que nosotros mismos creamos pero que en nuestra carrera laboral nos
las encontraremos y tenemos que saber enfrentarlas. Lo que más nos cuesta es
saber que decir en momentos que esas personas necesitan ayuda, cómo afrontamos
lo que nos dicen, saber utilizar lo que nos dicen para poder ayudarles.
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